
Durante nuestro retiro de Pentecostés, fuimos guiados a un profundo tiempo de oración donde el Espíritu Santo fue derramado con poder. No fue solo un momento de búsqueda, sino un encuentro lleno de gracia, donde el Señor nos habló y nos comisionó.
En medio de la oración, recibimos una palabra clara basada en Romanos 10:14-15, que nos recuerda la urgencia y el llamado:
«¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin que alguien les predique?… ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la buena nueva, de los que traen paz!»
Este tiempo de oración no solo renovó nuestras fuerzas, sino que marcó un antes y un después. Recibimos la gracia para salir, hablar, proclamar. El Señor no solo nos consoló, sino que también nos envió.