Servicio del Viernes: La Iglesia que Dios usó para las Naciones

El Servicio del Viernes se basó en el libro de Hechos 11:19-30, dirigido por la Hermana Abigail Grandez. Ella compartió que la iglesia en Antioquía nació en un contexto de dolor y persecución. Sin embargo, en la providencia de Dios, esta comunidad se convirtió en un faro misionero que llevaría el evangelio a las naciones.

Allí, creyentes comunes —cuyos nombres la historia no registra— comenzaron a compartir el evangelio no solo con judíos, sino también con gentiles. Esta apertura a otras culturas fue, sin duda, un paso revolucionario en el plan redentor de Dios para todas las naciones.

Lo que comenzó como una reacción humana a la adversidad, Dios lo transformó en una poderosa herramienta para la expansión de su Reino. La iglesia en Antioquía fue la primera en reflejar la naturaleza verdaderamente multicultural y universal del evangelio.

Antioquía no era una iglesia perfecta, pero era una iglesia dispuesta. En lugar de definirse por la persecución o la escasez, se definió por su obediencia a Dios, su sensibilidad a la guía del Espíritu Santo y su compromiso con la misión.

Hoy, la Iglesia está llamada a:

  • Ser una comunidad que derriba los muros del prejuicio y la comodidad.
  • Ser un pueblo que responde al clamor de los necesitados con compasión práctica.
  • Ser una iglesia que envía y apoya misioneros, consciente de que la proclamación del evangelio sigue siendo urgente y vital.

El llamado es tanto personal como comunitario: ser una iglesia que responde al propósito eterno de Dios, que levanta a los caídos, derriba muros y lleva el evangelio por todo el Perú.