
Durante el ensayo general, se practicaron las canciones seleccionadas para el ministerio, perfeccionando cada detalle técnico como las entradas, las transiciones entre canciones y los momentos clave para la proclamación de la Palabra y la oración. Sin embargo, este momento fue mucho más que un ensayo musical: fue un espacio de comunión, unidad y profunda sensibilidad al Espíritu Santo.
Se oró para que cada canción no solo se interpretara con excelencia, sino que también ministrara al corazón de cada oyente, preparando el ambiente para que muchos recibieran el mensaje de salvación.
Los músicos y voluntarios demostraron gran compromiso y disposición. Se compartió la visión del evento, recordando a todos que no se trata de una presentación artística, sino de un acto público de adoración: una ofrenda viva al Señor en el corazón de la ciudad, donde lo espiritual supera a lo visible.
Misión Cajamarca confía en que Él obrará poderosamente ese día, tocando vidas y glorificando su nombre.