Mensaje de Clausura del Primer Día: Un Llamado a la Obediencia y la Unidad con el Espíritu Santo

Al cierre del primer día del retiro nacional «Sed Llenos del Espíritu Santo», la misionera Mariana Quintero presentó el tercer mensaje del día: un mensaje de fuerte confrontación espiritual, centrado en el capítulo 1 del libro de los Hechos. Combinando testimonio personal, exhortación bíblica y un llamado a la obediencia, su mensaje conmovió profundamente los corazones de los presentes.

Partiendo de la escena donde Cristo resucitado habla a sus discípulos antes de ascender al cielo, Mariana afirmó: «No se trata solo de haber visto a Jesús resucitado. Necesitaban comprender su corazón, su misión, y eso solo podía venir mediante la guía del Espíritu Santo».

La misionera enfatizó que Jesús les pidió a los discípulos que se quedaran y esperaran la promesa. No les dio detalles sobre horarios ni fechas, sino que los guió hacia la obediencia y la unidad como preparación para recibir poder. Muchas veces queremos apresurarnos y tomar decisiones basadas en las emociones. Pero el Espíritu Santo no obra en el desorden. Obra donde los corazones están rendidos, como una iglesia sin mancha ni arruga —dijo Mariana—.

Recordó a la audiencia que la Iglesia está llamada a ser sin mancha ni arruga, y que esto comienza con la obediencia diaria. «Podemos predicar sobre la unidad, pero ¿vivimos esa unidad en casa, en nuestro equipo, en privado?». También compartió un momento personal: durante un retiro, se sintió tan frustrada que no quiso orar. «Le dije al Señor: ‘No quiero hablar contigo’. Y justo en ese momento, alguien que ni siquiera me conocía se me acercó y me dijo: ‘Hija mía, ¿por qué haces lo que te da la gana?’. Esa fue una oración que no quería hacer, pero Dios quiso responder.

Este testimonio demostró que el Espíritu Santo incluso ve nuestra actitud, y que ser misionero o líder no exime a nadie de la corrección de Dios. También afirmó: «Si no obedecemos la Palabra, no somos niños. Quizás hayamos oído hablar de Jesús, pero si no vivimos para Él a diario, somos solo criaturas». La obediencia, dijo, es la marca de un verdadero cristiano. No es una carga, es una respuesta de amor al Señor.

Un siervo no hace preguntas, simplemente obedece. Incluso cuando no entiende. Incluso cuando duele. Y para eso está el Espíritu Santo: para fortalecernos cuando no podemos más.

Al concluir su mensaje, Mariana hizo un llamado a cultivar una amistad íntima con el Espíritu Santo: «Él debe ser nuestro amigo antes que nadie. Sin Él, nos guiamos por opiniones. Con Él, tenemos palabras para edificar, guiar y discipular».

Recordó a la audiencia que la misión de hacer discípulos solo es posible cuando el Espíritu Santo guía y empodera. Los discípulos fueron transformados por ese fuego. También nosotros debemos vivir encendidos, no por la emoción sino por la convicción y la obediencia”.