Lección 6: Resucitando en la fe con un llamado a vivir con propósito eterno

Al final del día, el misionero Joel Miranda impartió la sexta lección del retiro «Llénate del Espíritu Santo», centrada en la fe en la resurrección como núcleo de la vida cristiana. Basándose en Juan 11:25-26, donde Jesús declara: «El que cree en mí, aunque muera, vivirá», Joel instó a la audiencia a aferrarse a esta promesa como una realidad que transforma incluso las pruebas más difíciles.

«La resurrección no es solo para después de la muerte física», dijo con pasión. «También significa que podemos resurgir en medio de las crisis, las pérdidas y los fracasos. Quien cree en Jesús, vive. Punto».

Joel recordó con emoción cómo Jesús mismo lloró ante la tumba de Lázaro, no por desesperación, sino por compasión. Jesús lloró por Jerusalén, por su pueblo, por nosotros. Y Lázaro, ese muerto al que llamó por su nombre, nos representa: Él puede resucitar lo que parece terminado.

A través de una anécdota personal de la universidad, el misionero ilustró esta verdad. En un curso temido por todos sus compañeros, Joel relató cómo, a pesar de las malas notas y la opción de abandonar, decidió perseverar. «Dios me dio la fuerza no solo para terminar el curso, ¡sino para obtener una calificación perfecta en el examen final! Esa fue una pequeña resurrección. La fe no solo se predica, se vive».

La conferencia se amplió para centrarse en la figura de Pedro, mostrando cómo Dios puede usar incluso a los más impulsivos. «Pedro era apasionado, explosivo, pero Dios lo vio de otra manera. Él fue quien predicó y tres mil fueron salvos. ¡Esa es la gracia que transforma y eleva!».

Otro punto clave fue la predestinación, presentada no como fatalismo, sino como la providencia soberana de un Dios que obra incluso a través de nuestras debilidades. Así como las olas siguen la marea, nuestra vida sigue el propósito de Dios. Podemos tropezar, pero su plan continúa.

Joel concluyó con una audaz exhortación: «¿Estás listo para morir? Esa pregunta no pretende asustarnos, sino fundamentarnos. Si vivimos, vivimos para Él. Y si morimos, también morimos para Él. ¡El Reino viene! Que tu vida no se centre solo en un título o logros personales, sino que tenga peso eterno».

La charla terminó con oración, entre lágrimas, convicción y esperanza. «La fe en la resurrección no es solo una enseñanza. Es nuestra vida. Y si creemos que Él venció a la muerte, entonces nosotros también podemos resucitar. Hoy. Ahora».