
En la cuarta lección bíblica de la serie, la diaconisa Luz Asto continuó con las palabras de Pedro en Hechos 2:23, guiando a los miembros a un momento de profunda confrontación espiritual, centrado en el arrepentimiento, la cruz y el plan eterno de salvación de Dios.
La lección, inspirada en el sermón de Pedro en Pentecostés, no eludió verdades difíciles. Con convicción bíblica, se enfatizó que el plan de Dios no fue improvisado, sino predestinado. «A este Jesús… crucificado por manos de hombres malvados» se convirtió en el eje de un mensaje que denunciaba tanto la incredulidad de Israel como la necesidad universal de la humanidad de arrepentimiento. «No fueron solo Roma o los líderes judíos quienes crucificaron a Jesús: fuimos nosotros, con nuestro pecado», enfatizó la diaconisa.
Una Iglesia que Debe Arrepentirse
Lejos de ser una simple reflexión teológica, el mensaje trazó una línea directa entre el pasado y el presente: el arrepentimiento no es solo un paso inicial, sino una condición continua para recibir el Espíritu Santo. Siguiendo el ejemplo de Pedro, se presentaron tres pasos esenciales para la salvación:
Arrepentirse
Bautizarse
Recibir el Espíritu Santo
Este orden —insistió Luz Asto— comienza con reconocer que hemos rechazado, ignorado o incluso crucificado espiritualmente a Cristo con nuestras decisiones diarias.
La conferencia también recordó a la congregación que Dios no reaccionó al pecado humano, sino que ya tenía un plan definido desde la eternidad. Citando Juan 3:16, se destacó que fue el amor lo que impulsó a Dios a dar a su Hijo. Sin embargo, la humanidad, al igual que en la parábola de los labradores malvados (Mateo 21), rechazó y mató al heredero. «Satanás pensó que matando al Mesías ganaría. Pero sucedió lo contrario: la cruz fue su derrota y nuestra victoria», explicó la diaconisa.
El llamado fue claro: no se puede pedir la plenitud del Espíritu sin pasar primero por un profundo arrepentimiento. Se denunció el peligro de vivir un cristianismo superficial, emocional o intelectual, sin la verdadera obra de la cruz en el corazón. También se hizo un llamado urgente a enseñar la correcta interpretación bíblica del sacrificio de Cristo.
«La cruz no es solo un símbolo de amor; es una acusación contra nuestro pecado. Sin arrepentimiento, no hay salvación», enfatizó Luz Asto.
La conferencia concluyó con una pregunta directa:
«¿De qué lado quieres estar?».
La cruz separa a quienes comprenden su significado de quienes la minimizan. Pedro, lleno del Espíritu, no tuvo miedo de decir la verdad a una multitud religiosa.