Iglesia del Perú clausura retiro de Pentecostés reflexionando sobre el derramamiento del Espíritu Santo

El 8 de junio, Domingo de Pentecostés, los miembros se reunieron para el servicio dominical y escuchar la Palabra de Dios predicada por la pastora Sandra. Para celebrar Pentecostés, ella enfatizó el poder transformador del Espíritu Santo como punto de partida de la misión de la Iglesia.

Inspirada por el relato de Hechos capítulo 2, la pastora Sandra destacó cómo, ese día, cerca de tres mil personas fueron bautizadas y se unieron a la comunidad de creyentes, marcando lo que describió como una «cosecha espiritual» sin precedentes.

«No fue simplemente un evento espiritual, sino el cumplimiento de una promesa esperada desde el final del Evangelio de Juan hasta el comienzo de Hechos. Jesús preparó a sus discípulos no solo con palabras, sino con la promesa del Espíritu Santo, quien los capacitaría para ser testigos desde Jerusalén hasta los confines de la tierra», explicó la pastora Sandra.

El sermón enfatizó que el Espíritu Santo, quien previamente había guiado a jueces, profetas y reyes, se manifestó una vez más con poder. Este nuevo derramamiento no solo cumplió la profecía de Joel, sino que también marcó el comienzo de una nueva era para la Iglesia.

«Vivimos en un tiempo en el que debemos preguntarnos: ¿Estamos cosechando como en Pentecostés? ¿Está el fuego del Espíritu madurando nuestras vidas para cumplir la misión?», reflexionó. Según su mensaje, la Pascua representa el comienzo de la transformación, pero Pentecostés marca el envío y la madurez espiritual del creyente.

La pastora Sandra también recordó a la congregación pasajes clave como Marcos 16:15-18 y Romanos 10:14, que enfatizan el llamado a predicar el evangelio. «Cada acto de obediencia y proclamación es una extensión viva de ese primer Pentecostés».

El mensaje concluyó con un llamado a reconocer que Pentecostés no es solo una fecha litúrgica, sino una realidad presente. Es tiempo de estar con el Señor, de dejar que el Espíritu Santo obre en nuestras vidas y de que el evangelio llegue hasta los confines de la tierra.

Con palabras llenas de convicción, la pastora Sandra instó a la iglesia a ser testigos activos, guiados por el Espíritu Santo, en una generación que necesita urgentemente una nueva cosecha espiritual.