
En el marco del retiro de Pentecostés, bajo el lema «Sed llenos del Espíritu Santo», los miembros experimentaron un día profundo de confrontación y renovación espiritual.
El cuarto mensaje se centró en el poder del Espíritu Santo y el llamado al arrepentimiento. Con el tema «El Plan de Salvación y el Poder del Espíritu», fue impartido por la misionera Abigail Grandez. Inspirada por el mensaje de Pedro en Hechos 2, la misionera instó a la congregación a vivir una fe arraigada en la convicción, recordándoles que no puede haber plenitud del Espíritu sin una respuesta sincera al llamado de Dios.
«Pedro era un hombre común y corriente, pero lleno del Espíritu Santo, se levantó con valentía para predicar el mensaje más importante: el plan de salvación. Y ese mismo llamado sigue vigente hoy».
Durante su mensaje, enfatizó que el sacrificio de Cristo no fue un accidente, sino el cumplimiento exacto del plan de Dios. Se citó Juan 3:16 para recordar a todos que fue el amor de Dios lo que impulsó la redención del mundo caído. La venida de Jesús —explicó el misionero— impactó no solo a la humanidad, sino a toda la creación, marcando un antes y un después en la historia.
El mensaje también invitó a los asistentes a examinar cómo viven actualmente su salvación. Se cuestionó si la fe que profesamos es una fe viva o simplemente una rutina vacía.
«No podemos conformarnos con una vida cristiana infructuosa. Necesitamos madurar, discernir y avanzar. El Espíritu Santo nos fue dado no solo para consolarnos, sino para transformarnos», enfatizó el misionero.
El mensaje fue un claro llamado a regresar al fundamento de nuestra fe: Cristo, su cruz y el poder transformador del Espíritu Santo.
Al concluir el mensaje, se recordó que, así como Pedro confrontó a la multitud con amor y verdad, hoy la Iglesia también debe predicar con convicción:
«Arrepiéntanse, bautícense y reciban el don del Espíritu Santo».
Más que una enseñanza, fue un llamado urgente. Y desde el corazón de Cajamarca, Misión Perú continúa fomentando una fe activa y comprometida, llena del fuego del Espíritu.