Con gran esperanza, iniciamos el Retiro de Pentecostés: «Llénate del Espíritu Santo»

Misión Perú se une al llamado a participar en el Retiro de Pentecostés. Nos encontramos en la ciudad de Cajamarca, uno de los presbiterios que se ha formado como Presbiterio Andino Norte, con el propósito de unirnos con los miembros y líderes, y también para fortalecer la iglesia en Cajamarca. Con gran esperanza, anhelamos recibir el derramamiento del Espíritu Santo para continuar expandiendo el Reino de Dios.

Como dice la Palabra de Dios en el libro de los Hechos, la iglesia primitiva anhelaba recibir la promesa del Señor Jesucristo: que el Consolador vendría y nos guiaría para cumplir su voluntad. Como está escrito en Hechos 2:5, estamos reunidos aquí: miembros de diferentes partes de nuestro país, como Iquitos, Lima y Cajamarca, y virtualmente de Huancayo, Arequipa, e incluso una hermana de Colombia. Nos hemos reunido en este tiempo especial y estamos muy agradecidos con Dios por permitirnos experimentar juntos el derramamiento de su gracia a través del Espíritu Santo.

Esta mañana, con gran esperanza, comenzamos con el primer mensaje, impartido por el misionero Fran Meza, quien compartió virtualmente desde Tumbes. Su mensaje se basó en Juan 14:1-4. Se centró en el Espíritu Santo como la promesa cumplida de nuestro Señor Jesucristo, quien lo envió para que no estuviéramos solos. Como dice el pasaje: «No se angustien sus corazones», nuestro Dios no quiere que estemos ansiosos ni angustiados, sino que vivamos en alegría por la gracia que derramó mediante su sangre en la cruz. Hoy, podemos tener una relación genuina con Él dondequiera que estemos y cuando le dediquemos tiempo de nuestra vida. Por eso envió al Espíritu Santo: porque nos guía en nuestro camino de fe, ayudándonos a superar cada límite. Él es quien nos convence de pecado, nos guía, nos limpia y también nos consuela. Él es quien transforma nuestros corazones. Por eso el Espíritu Santo es tan esencial en nuestras vidas: para que no vivamos por nuestras propias fuerzas, sino que seamos salvos por su gracia. El misionero dijo: «Hermanos y hermanas, el Espíritu Santo es tan real que no nos deja solos, sino que intercede por nosotros para que seamos santos y plenos en Él».

El segundo mensaje fue impartido por el misionero Jecomías Sauca, basado en Hechos 1:4-5. Este pasaje explica cómo se les dijo a los discípulos que esperaran al Espíritu Santo. El misionero enseñó que para esperar al Espíritu Santo, debemos conocerlo, porque Él no surge de la nada. Él ha sido predicho en las profecías y ha estado presente desde el principio, permitiéndonos presenciar su gloria tanto de forma natural como a través de nuestro Señor Jesucristo, quien inauguró la era del Espíritu Santo, un tiempo en el que ahora podemos disfrutar de su presencia.

Finalmente, oramos y compartimos su gracia. Los invitados reconocieron que no habían conocido a profundidad quién era el Espíritu Santo y se mostraron muy agradecidos, comprometiéndose ahora a permanecer firmes en su fe.